Origen del Municipio

Comenzaremos acercándonos a la historia de Bareyo conociendo las características del pueblo cántabro a través del tiempo.
La primera cita sobre los Cántabros la encontramos en el 234-149 a. C. cuando el latino Marco Poncio Catón escribe sobre el nacimiento del río Ebro en el país de los Cántabros.

Las primeras sociedades prehistóricas, de origen indoeuropeo o céltico y mediterráneo, se agrupaban en clanes, que corresponderían a pequeños territorios con sus pobladores, regidos por un jefe importante. Se ha hallado, en las numerosas cuevas del territorio del municipio de Bareyo, abundante material del paleolítico superior como talleres de silex, situados a lo largo de la costa, puntas de flecha, raederas, raspadores, azagayas y enterramientos. Otras grutas contienen grandes concheros (ostras, mejillones, caracoles, lapas y percebes) del Periodo Mesolítico (10.000-8.000 a. C.).

En lo concerniente a la paleontología, en estas mismas cuevas se localizan restos de rinocerontes lanudos (25.000-15.000 a.C.), lobos, osos, jabalíes, bóvidos, ciervos, cabras, caballos, etc. También se cita la existencia de un castro cántabro en Ajo.

El pueblo cántabro era esencialmente guerrero, amante de su independencia y de sus tradiciones, sobrio y con un bajo nivel económico y cultural. Su agricultura era rudimentaria y su ganadería precaria. Los hombres participaban como mercenarios en frecuentes contiendas con otros pueblos peninsulares y fuera de nuestras fronteras, lo que les proporcionaba suculentos botines.

Vivían en pequeños poblados en la cima de las colinas, las viviendas eran generalmente de planta circular; paredes de piedra y techos de ramas sustentados por un poste central. Comían una sola comida al día, dormían sobre jergones de paja y aunque parezca mentira, se lavaban los dientes con orines viejos.

En cuanto a los orígenes del pueblo cántabro, cabe pensar en la existencia al final de la Edad del Bronce, en el paso del milenio II al I a.C., de un conglomerado de pueblos, con una cultura relativamente uniforme, tal vez descendientes de los primitivos habitantes paleolíticos, pero con numerosas infiltraciones y aportes culturales de otros pueblos: unos de origen mediterráneo y otros de procedencia europea. La presencia del hombre está atestiguada en las Edades de Bronce y Antigua, gracias a los enterramientos encontrados en el llamado Barrio del Convento, en las proximidades de la ría de Ajo.

Podemos suponer que el pueblo cántabro estaría formado por celtas de tipo belga, otros celtas más antiguos y asentados ya en el territorio y pre-celtas, antiguos habitantes.

El pueblo cántabro era un temible enemigo para cualquier ejército, atacaba por sorpresa, hostigaba constantemente al enemigo, hacía rápidas retiradas a bosques y montañas y evitaba enfrentamientos cara a cara, eran veloces y valientes.

Durante la conquista de la península Ibérica por los romanos, los cántabros y astures fueron los que pusieron una mayor resistencia, originando en el año 29 a.C., la llamada "guerra cantábrica". Tras la victoria de los ejércitos imperioles, comienza la etapa de la romanización , implantar la lengua latina y toda la cultura greco-romana, el derecho y un nuevo estilo de vida, transformando la vieja estructura política tribal en instituciones municipales romanas.

A pesar de todo ello, solo una pequeña élite romanizada convive con el resto de la población, que siguió fiel a sus costumbres, creencias y organización social.

Tras la caída del Imperio Romano y ante las invasiones de Vándalos y Suevos, los cántabros recuperan su libertad, perdida unos 500 años antes, convirtiéndose en un pueblo guerrero y resistente ante el poder procedente de cualquier lugar ajeno.

La pervivencia de los cultos paganos se mantiene hasta el siglo VI, momento en el que el cristianismo comienza a penetrar en la región. Tras la invasión peninsular de los musulmanes, se produjo un repliegue masivo de la población hispano-visigoda, a través de la cordillera cantábrica, para asentarse en los territorios comprendidos entre ella y el mar; arriban al territorio un número suficiente de monjes, obispos y clero, que consiguen establecer definitivamente el cristianismo en nuestra tierra.

A partir de la invasión árabe el año 711 comienza a abrirse camino en la historia una jurisdicción administrativa llamada Trasmiera que aparece ligada al Señorío de los Agüero.

Trasmiera, desde la lejana Edad Media hasta 1834 en que desapareció como jurisdicción administrativa, era un territorio situado entre las bahías de Santoña y Santander; compuesto por cinco Juntas llamadas de Cudeyo, Ribamontán, Cesto, Voto y Siete Villas. A esta última pertenecían los tres pueblos que forman el Ayuntamiento de Bareyo, los cuales junto con Meruelo, Arnuero, Castillo, Isla, Soano y Noja componían la denominada Junta de las Siete Villas.

Cada uno de los nueve pueblos mencionados estaba regido por su Concejo. Los representantes de estos Concejos se reunían en Meruelo y formaban el Ayuntamiento General de la Junta, presidido por un Alcalde Mayor. Los representantes de las cinco mencionadas Juntas, reunidos en Hoz de Anero, formaban el Ayuntamiento General de la Merindad, que regía el destino de todo el territorio.

La primera referencia histórica escrita que tenemos de Ajo (Asio), figura en "Liber Testamentarum" de lo Catedral de Oviedo, año 923, en el cual el Rey Ordoño II de León hace donación de la iglesia de San Juan de Asio.

Bareyo (Baredio) aparece en una escritura del año 1195, y Güemes (Güemes) en uno de 1084. Estas dos últimas referencias, junto con una del año 1087, referente a la "villa de Asio", aparecen en el Cartulario de la Abadía Santa María de Puerto de Santoña, la cual ejercía su dominio sobre toda esta parte de la geografía regional.

Estas escrituras hablan de la existencia en esta tierra, en la lejana Edad Media, de casas, hórreos, tierras, pomares, helechales, fuentes. Nos refieren la existencia de cereales, vides, hortalizas; bueyes, vacas, caballos, ovejas, cabras y cerdos; peces en general y ballenas en particular, molinos de mareas y de río.
En estas fechas sus caminos eran frecuentados por peregrinos que iban de romería o Santiago de Compostela. Para su asistencia había un rosario de hospitales y ermitas a lo largo de los caminos. En Güemes conocemos el hospital de San Julián y Nuestra Señora de la Consolación. También la iglesia románica de Santa María de Bareyo era una importante estación del camino.
Con el descubrimiento de América, y lo introducción del maíz y otros cultivos, se produce una explosión demográfica en todo Cantabria. Dicho aumento de población hace que los vecinos de Siete Villas se diseminen por España, Portugal y el sur de Francia desarrollando diversos oficios artísticos, como arquitectos en cantería, canteros, maestros fundidores de campaña y artillería, arquitectos ensambladores, ebanistas, escultores, doradores, carpinteros y otros oficios menores.

La calidad de hidalguía de los vecinos de Siete Villas era condición indispensable para desempeñar cargos en la Administración, la Iglesia y el Ejército de los Austrias y Borbones. De ahí que numerosos vecinos de la Junta ocuparan elevados cargos. Los vecinos que no emigraron continuaron en sus pueblos dedicados o la agricultura, ganadería, el aprovechamiento de los bosques y la defensa de la tierra de los invasiones enemigos.

En 1820 se rompe el sistema de un Concejo por cada uno de los pueblos de Siete Villas y un único Ayuntamiento General. La organización administrativa resultante tras el triunfo de las ideas liberales (revolución de 1820) propició el nacimiento del Ayuntamiento de Fuente Espina (Ajo), que estaba formado por los lugares de Bareyo, Güemes y Ajo, en donde se instauró la capitalidad. El impulso de la citada reforma se produjo a raíz de la muerte de Fernando VII y cristalizó hacia el 1835 con el cambio de denominación del municipio que, o partir de entonces, pasó o llamarse Bareyo, aunque conservó como cabecera lo localidad de Ajo.

Ajo, Bareyo y Güemes han continuado siendo, históricamente, vivero de artistas y artesanos que han llevado el fruto de su trabajo, sobre todo por tierras de la antigua corona de Castilla, pero también de Navarra y Aragón, de Francia y de Portugal. Siendo notable lo aportación de los artífices cántabros o la historia del arte de España.

Hoy el turismo ha descubierto los encantos de esta zona, con sus rías, ensenadas, acantilado, playas, montes, bosques, iglesias, ermitas palacios, casonas, molinos y el agradable carácter de sus habitantes.